Ninguna promesa falla


Ninguna de las promesas de Dios falla.

Josué 23:14, "Reconoced, pues, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, que no ha faltado una palabra que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros; todas os han acontecido, no ha faltado ninguna de ellas".

¿Cuántas promesas podemos encontrar en la Palabra de Dios?
Dios nos ha prometido: corazones y deseos nuevos, perdonar nuestros pecados, librarnos del temor, salvación para nuestros hijos, que nuestras necesidades serán abastecidas, sabiduría, paz, escape a la tentación, salud, sanidad, protección; y así podemos enumerar más y más promesas. Algunas promesas son generales, otras limitadas; unas con incondicionales y otras llevan una condición para su cumplimiento.

Sobre todo, nos ha prometido que no estaremos huérfanos, que nos dará el Espíritu Santo. Esta es una de las promesas más preciosas en la Biblia. En el día de Pentecostés, el apóstol Pedro dirigiéndose a miles de personas les dijo: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare” (Hechos 2:38-39).

El Espíritu Santo está en nuestra vida para guiarnos a toda verdad, levanta nuestro ánimo caído y nos convence de pecado, de juicio y de justicia.

La Palabra de Dios es un cofre de tesoros lleno de promesas divinas. Podemos tener la seguridad que esas promesas son Sí y son Amén, porque fiel es Dios para cumplirlas, Él nunca falla.
Las promesas de Dios son para ti y para mí. Encontraremos esos tesoros si estudiamos la Biblia diariamente, y al irnos acercando a Dios, expresaremos nuestro agradecimiento por sus muchos e invaluables tesoros; entre ellos, nada menos que su maravillosa verdad. Pero podemos heredarlas mediante tres condiciones: Fe, obediencia y paciencia.

Oración: Quiero darte las gracias Señor, por ese cofre lleno de tesoros que has puesto en mis manos, quiero escudriñar tu Palabra y descubrir en ella tu maravilloso e inmerecido amor hacia mí. Gracias porque sé que nunca dejaras caer en tierra tus palabras y confío en ellas con todo mi corazón. Ayúdame hoy a apreciar tu grandeza y tu bondad.  Sosténme con el poder de tu fuerza y  guíame por el sendero de tu dirección. En el nombre de Jesús, Amén.

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