Jesucristo, el agua de vida
Jesucristo, el agua de vida
Juan 7: 37-38
Juan 7: 37-38
"En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva."
Entraremos en contexto de esta preciosa porción de las Escrituras. Era el último día de la Fiesta de los Tabernáculos. Se acostumbraba traer agua del Estanque de Siloé y verterlo sobre el altar.
En ese momento, Jesucristo "se puso de pie y alzó la voz". Él quería llamar la atención, quería decir algo importante.
"Si alguno tiene sed, venga a mí y beba."
Hablemos acerca del agua. Es un elemento vital para la existencia. Se dice que nuestro cuerpo es 70% agua; la industria, la agricultura, las plantas, las flores, y en nuestro diario vivir, necesitamos agua.
Es maravilloso ver que nuestro amado Maestro utiliza un elemento natural para revelar una verdad espiritual.
Y somos un poquito observadores, descubriremos que es la segunda vez que Jesucristo utiliza el agua para darnos una lección de vida.
¿Recuerdas a la mujer samaritana? En Juan 4:15 ella le respondió a Jesús: "Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla."
Dicho esto, pasamos a notar dos puntos importantes:
a) ¿Cuál es el origen de esta sed? Son nuestros deseos insatisfechos, nuestros pecados, la ira, el enojo, las raíces de amargura, la falta de perdón, etc. No hay forma de saciarlos.
b) Jesucristo es la fuente de agua. Él es la verdadera fuente, quien nos saciará. No tendremos sed jamás.
Nos hace un llamado: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva." (v.37-38)
Nos invita a ir a la fuente de vida. Nos invita a ir a él, a creer en él, a seguirle a él.
En el Antiguo Testamento hay una promesa preciosa que quiero compartirte: "Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan." Isaías 58:11
Oremos: Reconozco que estaba en sequía, reconozco que tenía sed y no había forma de saciarla, Oh, Señor quiero beber de esa agua, de esa agua de vida, no quiero tener sed jamás. Te recibo Jesucristo, como mi Señor y Salvador para que dentro de mí, corran ríos de agua viva, de esa agua que nunca faltará.
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